domingo, 9 de enero de 2011

geografía simple para eruditos (II)


El concepto de continentalidad

Cuando miramos un planisferio, aún aceptando toda la mentira que representa la visión en plano de un planeta más o menos esférico, podemos notar con claridad, casi prescindiendo de cualquier explicación, que America es un continente.

Lo mismo pasa cuando vemos a África, Oceanía o la Antártida. En este último caso lo notamos mejor en el mapamundi esférico que en su versión plana.

Esto es así, porque notamos claramente una cualidad geográfica común para todos ellos. Se trata de grandes o medianas fracciones de tierra completamente rodeadas de agua. Son una unidad visible, independientemente de que se compongan de una o más placas. Como las semillas aisladas que vemos dentro de una sandía, separadas entre si por la roja pulpa, el mar rodea los continentes.

Asumiendo que esto defina el carácter de continentalidad, entonces cabe la pregunta sobre la identidad de esa otra gran porción de tierra que se compone de eso que se ha impuesto llamar como dos continentes: Asia y Europa

El más común de los sentidos, indica verlos como uno y no dos.

En este momento estoy casi escuchando la voz de algunos lectores gritándome que es una cuestión cultural e histórica lo que lo explica como dos continentes y no uno. Pero la verdad es que a mi me gusta que las definiciones sirvan y para ello es necesario que definan igualitariamente.

Si lleváramos el caso a una cuestión moral y algo que uno hace es malo, se trataría de una acción que es mala, independientemente de quien la ejecute. De otro modo algunos resultarían siempre impunes de los delitos por los cuales se juzga y sentencia a otros y eso no parece correcto.

Además, si los aspectos geográficos se definieran como consecuencia de culturas e historia, tendríamos que aceptar masivamente que Norteamérica, es un fragmento (grande por cierto) de Europa y no de América. Dado que cultural e históricamente está mucho mas unido a la Bretaña original que a la America Latina (con una cada vez mas clara y madura identidad)

Así, la pregunta que viene flotando desde el inicio es: ¿Qué es Europa?

Geográficamente es inseparable del continente asiático y culturalmente es la parte mas pequeña y alejada de Norteamérica.

La verdad es que si uno le explica a un niño algún concepto de continentalidad y lo pone frente a un planisferio o un mapamundi esférico, es muy probable que nunca logre identificar a Europa como un continente y si lo miramos bien es posible que lleguemos a la conclusión de que se trata de una pequeña y compleja y enrevesada península occidental de un continente que si es identificable como tal, por geografía e historia: Asia.

Creo que en las definiciones que se pretenden absolutas hay una importante cantidad de vaguedades poco aceptables y terminan afirmándose universalmente las mentiras que los poderes impusieron a lo largo de la historia que siempre “cuentan los que ganan”

Claro, si Europa carece de definición y se acepta como parte del Asia, también habría que reconocer que el poder en ese continente siempre fue una disputa entre Rusia y China y ese occidente asiático que llamamos Europa se compone de un conjunto de republiquetas que ni siquiera son bananeras porque el banano necesita suelos y climas generosos y como ya vimos, nada generoso se puede esperar de ese lugar.

Si alguno de ustedes encuentra una definición de Europa como continente, que pueda caberle por igual a todos los otros, por favor auxilien mi ignorancia.

¡Gracias!

En caso contrario, como mínimo, no use la palabra continente cuando se refiera a la península occidental del Asia.

martes, 4 de enero de 2011

La planta de la verdad

Un cuentito

Hubo un tiempo en que los tréboles tenían tres hojas, por eso recibían ese nombre. Pero por ese tiempo y por muchos años, varios grupos de investigadores, financiados por las multinacionales del agro, se pusieron a investigar la genética de los vegetales. De todos los vegetales (o casi)

En ese tiempo era tan pero tan raro encontrar un trébol de cuatro hojas, que se consideraba que quien lo hallara seria una persona muy afortunada el resto de su vida. Es mas, al trébol de cuatro hojas le llamaban “planta de la suerte”.

Buscando quien sabe que característica genética, un grupo de investigadores halló el gen que hacía que algunos tréboles, quizás uno de cada 10 o 100 millones de ejemplares, produjera esa rara mutación que le daba hojas divididas en cuatro folíolos en lugar de tres. En principio, ese hallazgo no sirvió de nada. Estaban buscando cosas mas importantes, capaces de “salvar a la humanidad del hambre” y a las multinacionales de la pobreza. Cosas que permitieran convertir en rústicas malezas, los vegetales con mas demanda en el mercado mundial de alimentos. Así nacieron los cultivos transgénicos, capaces de producir más, bajo cualquier condición, soportando fumigaciones que eliminaban cualquier cosa que no sea ese cultivo de diseño, incluso pobladores indeseables que se quejaran por cosas tan pequeñas como su calidad de vida, su salud o las pequeñas producciones que habían mantenido por siglos la economía de cada región del planeta.

Pero un día, cuando la producción de alimento alcanzó para todos los sobrevivientes y las nuevas tecnologías genéticas garantizaron que así seguiría siendo indefinidamente, un técnico de laboratorio que ordenaba documentos de investigaciones antiguas, encontró el archivo donde se detallaba la posición exacta del gen capaz de manipular la cantidad de folíolos de un trébol. Hasta entonces casi todos los tréboles seguían teniendo tres hojas y su nombre tenía sentido. A este señor se le ocurrió una brillante idea. Mas bien una idea bastante lucrativa, que la firma para la que trabajaba, financió inmediatamente. Si se producían semillas de tréboles de cuatro hojas para el mercado de ornamentales y dado que la mayoría de la población seguía atada a miles de supersticiones, todos querrían una maceta de esa “planta de la suerte”, lo que le garantizaba un promisorio mercado por mucho tiempo.

Así lo hicieron y en pocos años todos los viveros del mundo comercializaban macetitas con estos extraños y muy demandados tréboles de cuatro hojas.

En poco más de tres décadas el negocio había sido más fabuloso que el de los cereales y esta firma originalmente dedicada a los cultivos extensivos se convirtió en proveedora exclusiva de todos los cultivos de ornamentales del mundo. Casi todos los iniciadores de ese lucrativo negocio ya habían muerto de viejos. Felices e inundados por las fortunas más honestas que jamás creyeron posible.

Lo extraño fue que la gente siguió llamando tréboles a estas plantas de cuatro y no tres hojas.

Entre la cuarta y la quinta década, el cultivo empezó a perder interés, porque no sólo todos los habitantes del planeta habían comprado su macetita, sino que además la plantita, demostró ser más adaptable que su versión original y se asilvestró en casi todos los climas.

Entre las sexta y séptima década, ya casi nadie recordaba que alguna vez, los tréboles tubieron tres hojas. Y tampoco encontraban sentido alguno para su nombre.

Pocos hombres tenían ese dato archivado en la memoria, en una humanidad que poco a poco se fue volviendo exclusivamente urbana.

Uno de ellos, que hacia casi 100 años ya, había nacido en el campo, estaba un día pasando una tarde con su bisnieta de 5 años en un parque, cuando la nena corrió feliz hacia él con una tierna hoja en su mano.

-Bisa!!!! Bisa!!! – gritaba la nena a quien sus abuelos impedían que le llame abuelo.

-Bisaaa!!! Mira lo que encontré.

El anciano vió lo que la nena le trajo y con los ojos húmedos la miró tiernamente mientras le dijo

-Sos una niña muy afortunada, haz encontrado la planta de la verdad.

Desde entonces, los extraños tréboles de tres hojas, son la “planta de la verdad”, y les cuesta reproducirse y colonizar el territorio que alguna vez fue suyo. Pero poco a poco, lo están consiguiendo. Claro que tampoco existe un mercado ávido de conseguirla, cuidarla y reproducirla, pero como sus competidores también perdieron interés, algún día lo logrará.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El error apropiado


Tal vez a muchos les resulte pesado terminar el año con un poco de ciencia, sin embargo, vale la pena conocer algo sobre evolución, para entender que no "avanza ni evoluciona" el mejor adaptado, sino aquel que posee el error adecuado, ese que cosideramos defectuoso, indeseable y que irremediablemente será el sobreviviente frente a un cambio en el medio

Un poco de ciencia

Antes que en el planeta existiera vida, toda la materia era mineral (materia muerta). Las primeras formas de vida fueron uniones de moléculas que conformaron organismos proto celulares. Estos organismos diferían muy poco, en cuanto a su carácter morfológico, del aspecto de los minerales presentes en el medio en el que se desarrollaban. Su aporte consistía en el principio fisiológico que da origen a la concepción de materia viva.

Este carácter fisiológico hacía a la materia viva, menos estable que a la materia muerta, ya que su permanencia en el medio dependía sólo de su posibilidad de propagarse. A partir de allí, esa característica fisiológica de la propagación se convierte en el principal objetivo de la materia viva y domina todos los cambios evolutivos hasta hoy. Es decir, toda la evolución desde entonces estuvo destinada a perfeccionar la propagación, como única alternativa de perpetuación, dado que la vida misma se basa en la pérdida de la estabilidad que siempre conservaron los minerales.

El paso de la simple propagación a la multiplicación lo dieron los defectuosos que generaron las primeras combinaciones geneticas. Sólo existe multiplicación (o reproducción) cuando nace un nuevo ser que combina las características morfológicas y fisiológicas de su o sus progenitores, pero contiene variantes genéticas que lo hacen distinto de ellos. La combinación genera un nuevo ser.

Esta diferenciación permite poner en crisis la más clásica y aceptada definición de vida que afirma que tiene vida todo aquello que nace, crece se reproduce y muere. Ya que aún, muchas formas de vida (aceptadas como tales) quedan afuera del universo de la materia viva. Concretamente todos los vegetales que carecen de órganos sexuales (como los helechos) y sólo pueden propagarse. (Hasta mi tía la soltera, tampoco cabe en esta definición aunque yo la veo saludable y vigorosa)

Tampoco se puede entender el origen de la vida o su evolución si se la considera aisladamente del medio en el que esto ocurre.

Un planeta de roca fundida, agua en forma de gas, erupciones volcánicas, violentos acomodamientos de placas, etc. Un planeta en plena combustión no podía generar otra cosa que una atmósfera cargada de CO2 . Y la abundancia de ese gas permitió la vida que comenzó vegetal y lo consume. Los humanos, sobre todo los occidentales, estamos devolviendo al planeta aquel desagradable estado primigenio.

La vida es oportunista. Aparece y se desarrolla solo si las condiciones del medio son las adecuadas. Pero una vez establecida, modifica el medio y lo dota de características que mejoran las condiciones para su permanencia. Así entendido, un medio es causa y consecuencia de la vida que lo habita. Por otra parte, ante una modificación del medio físico, que sobrepase la capacidad de adaptación de una especie, la vida (por causa de la combinación de genes) tiene la “virtud” de generar individuos “defectuosos” en todas sus especies y siempre, alguno de ellos posee el “defecto adecuado” para adaptarse a la nueva condición. Esto también debe verse como una forma de oportunismo. Con todo, siempre es posible que una modificación del medio sea lo bastante rápida y absoluta como para impedir toda forma de adaptación. Pero esto no ocurre simultáneamente en todos los medios y en todo el planeta. Así desde el medio o lugar de supervivencia, la vida vuelve a evolucionar y colonizar.

Concluyendo

Estoy seguro que muchos conocemos a personas exitosas de esas bien adaptadas al "sistema", tal vez alguno de ustedes lo sea. Sin embargo, es posible que ese éxito se vuelva fracaso con algo tan simple como la pérdida de su celular o su notebook. Digamos que un nuevo e indestructible "virus informático", creado de verdad por un buen jaker, los elimine del planeta e impida para siempre ese tipo de tecnología. En ese momento, aquel inadaptado primitivo y despreciable, que conservó las herramientas básicas, nos sobrevivirá a todos.

No importa cual sea el tema, tratemos de no ser los mas adaptados (¿normales?), porque ellos serán los primeros en perecer, y la realidad mundial viene anunciando cambios.

Feliz 2011!

martes, 28 de diciembre de 2010

Plantar un hijo, escribir un árbol y tener un libro


el acto de amor inadecuado
no es un acto de amor

Todos hemos escuchado y repetido hasta el cansancio (muchas veces sin tener idea de su significado) la frase: “Plantar un árbol, escribir un libro, y tener un hijo”

Pareciera que se trata de un poco de conciencia ambiental, otro poco de compartir generosamente conocimientos y perpetuar la obra. Una manera de que nuestro camino deje una huella una vez que nos hayamos ido, tal vez lo mas parecido a la eternidad.

Pero... ¿Es un acto de amor plantar cualquier árbol en cualquier lugar?¿Escribir un libro que no diga ni aporte nada? O ¿Tener un hijo aunque no tenga ni posibilidades ni intenciones de hacerme cargo de él?

Cuando las formas nacen, tienen un motivo y ese motivo las dota de contenido. Por ejemplo, se dice que en una época, dar la mano a alguien que uno cruzara en el camino, era una manera de demostrar que se estaba desarmado. Un gesto que evidenciaba la falta total de intenciones violentas. Con los siglos, dar la mano se convirtió en una forma de saludo y muchos, aún armados hasta los dientes, hoy ofrecen su mano a otro en el momento del encuentro. No se trata de un acto de hipocresía (salvo cuando lo es), sino la más absoluta pérdida del contenido del gesto. Este vacío, puede tender a ser llenado con algún sentido y para este caso, resulta un saludo amistoso.

Sin embargo esto no entraña nada más allá que un dato de la evolución de las conductas, sin consecuencias nocivas, porque de él no depende nada demasiado importante.

Seguramente, quien enunció la frase de: “Plantar un árbol……” estaba pensando en la perpetuidad de las cosas realmente valiosas, en las conductas verdaderamente nobles. ¡Y valla si ese es un contenido importante!

Esto es así porque sin lugar a dudas, tener un hijo, entraña una responsabilidad y una entrega que uno va aprendiendo con el crecimiento de las demandas de ese hijo, hasta la madurez y si no se responde a ellas con una mezcla de enseñanza y aprendizaje, en un acto de entrega y contención, lo mas posible es que se termine plantando a un hijo.

De igual manera, escribir un libro es un acto de entrega capaz de perpetuar un conocimiento, una historia o una manera de ver la realidad. Pero si no hay nada en él que sea realmente valioso para el futuro, solo se logrará la tala de algunos árboles para la impresión de algunos ejemplares y evidentemente, no será un acto de amor. Por último, quien va a plantar un árbol, debería pensar en cuál es el adecuado para ese lugar, cómo será su futuro, si podrá desarrollarse hasta alcanzar sus objetivos. De otro modo podría estar plantando una conífera en el trópico y con ello haciendo mucho daño al lugar que se le destina.

En su mas puro sentido metafórico, esta frase sólo pide conciencia en los actos simples y relevantes de la vida, que seguramente se pensó como un acto de amor, pero acaba siendo la prueba de la inconciencia sobre el verdadero valor de las cosas, de la vida y de nosotros mismos.

A punto de iniciar un nuevo ciclo anual de esta cultura, con el relativamente arbitrario número de 2011, espero que esto sirva, para que algún lector accidental, esté pensando en las demandas de esos hijos, propios o ajenos. Algún libro que compró y nunca leyó o aquel árbol en cuya corteza dibujó un corazón y escribió dos nombres.

La falta de conciencia sobre la verdadera importancia de plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, nos trajo hasta esta realidad llena de hijos plantados, árboles escritos y bibliotecas llenas de libros que nadie lee.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

"Una de la infancia"

¡Felicidades!

Otra vez está llegando el 25 de diciembre y la humanidad (en realidad solo un tercio de ella, este tercio occidental judeo cristiano que se suele pretender "el mundo") se apresta, como todos los años, a festejar mi cumpleaños.
¡Es literalmente cierto! o eso creí durante los primeros años de mi vida.
Resulta que mi madre tuvo la peregrina idea de parirme en navidad y junto al ateo psicodélico sesentista de mi padre, me tuvieron convencido un tiempo, que lo que la gente festejaba ese día, era mi cumpleaños.
Así fue que en mi primera infancia, al llegar estas fechas, me sentía avergonzado por tanto halago y me la pasaba agradeciendo tanto regalito y saludo con deseos de felicidades de sonrrisas plásticas colgadas de las orejas de personas falsas a las que casi ni conocía.
Como los niños son muy perseptivos, y aunque ahora resulte difícil de creer, también fui niño, siempre sospeché algo y un día empecé a comprender la mentira y sentí una mezcla de sensaciones difícil de describir.
Por un lado me aliviaba saber que no tenía nada que agradecer a nadie ese día porque lo que se estaba festejando no tenia nada que ver conmigo. De hecho no profesaba ni profeso religión alguna (como la mayoría de los cristianos)
Por otro lado tuve una amarga decepción al notar cuanto me habían mentido mis padres.
Supongo que esto es similar a lo que les pasa a la mayoría de los niños cuyos padres les mienten sobre el origen de los regalitos de esta fecha. Solo que para mi se sumaba la indignación que me producía haber estado tanto tiempo agradeciendo algo que no me había tenido nunca por destinatario.
En fin, desde entonces trato de desearles felicidades a todos siempre. En marzo como en junio, o en agosto o en febrero. Me alegran los nacimientos, los que de verdad veo y corroboro y me duele mucho la muerte que nunca es justa, pero cuando es joven y enamorada es inaceptable.
Y a los cristianos, a los que de verdad lo sean, a los que tengan una fe verdadera (es fácil corroborar cuan pocos son), ¡que sean buenas personas! "por que de ellos será el reino de los cielos"
Los ateos sabemos que el verdadero reino esta acá a nuestro alrededor y hasta hoy aquí en sudaquia "es ancho y ajeno". Así que mi mejor deseo es el de que seamos un buen fertilizante una vez que nuestros cuerpos se hayan descompuesto
¡Felicidades!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Más filosofia de bar


La ética y la estética


Veamos a la ética y la estética como dos universos paralelos, como si fueran reflejos espejados de la realidad.

Partamos de una definición de estos universos que pueda caberle a ambas.

Cada estética / Cada ética, es un universo de lógica compuesto por elementos que se corresponden entre sí.

Así en una estética determinada, los colores primarios (rígidos, con una identidad indiscutible) se corresponderán a formas absolutas, duras (rígidas, con una identidad indiscutible) y texturas sólidas, poco permeables, tan rígidas, duras y absolutas como las características de los otros elementos. En otra estética, los colores más neutros (blandos, con identidades relativas) se corresponderán a formas también más neutras (blandas, con identidades relativas) y seguramente las texturas que pertenecen a esta estética, serán más permeables, menos rígidas. Evidentemente estamos llamando elementos de una estética a las características perceptibles de las cosas que la componen.

La combinación de elementos de distintas estéticas puede resultar en la creación de una nueva, pero éste ya es un problema más compositivo que estético.

Si consideramos elementos de una ética las conductas humanas, estaremos considerando también las características por las cuales cada individuo se hace perceptible para la sociedad o comunidad de la que es parte. Así veremos como unas conductas componen un universo de lógica y otras, otro.

Por ejemplo, en una ética que podríamos llamar cristiana, a la conducta del individuo A que abofetea al individuo B, le corresponde la conducta del individuo B de ofrecer la otra mejilla. Mientras en otra ética, que podríamos llamar del talión, a la conducta del individuo A que golpea al individuo B, le corresponde la conducta del individuo B de devolver un golpe de igual magnitud. Estas conductas no son más que elementos que se corresponden entre sí como pasa con los elementos de la estética. (esto demuestra simultáneamente algunas falsedades del cristianismo y la triste realidad de que aún no superamos el Talión) El problema de combinar conductas, pertenecientes a distintas éticas, (como en la estética) puede generar o no el nacimiento de una nueva. Otra vez un problema compositivo. Se trata de esta composición (social, cultural) en la que vivimos y que está sostenida por un soporte al que podríamos llamar realidad o más ampliamente, paisaje. Ese lugar habitado, transitado visto o imaginado en el que se desarrolla toda la realidad, toda la ética y toda la estética, todo lo natural y todo lo cultural. Ese lugar que es contenedor y contenido al mismo tiempo porque todo lo compone (hasta nuestros pensamientos, o el pasado conjeturado y el futuro inaccesible hacen paisaje). Así, lo ético y lo estético también se unifican en él, haciendo la realidad que somos junto a todo lo que existe. Estos dos universos paralelos se pueden leer bajo idénticas leyes porque son reflejos de una misma cosa. A cada ética le corresponde una estética y viceversa. De hecho cuando decimos estética lo que estamos diciendo es "esta ética".

Filosofia de bar


La mentira y la verdad


Parece que los conceptos de mentira y verdad, están prejuiciosamente unidos a una cuestión moral. Es decir, ligados a los conceptos malo y bueno respectivamente. Sin embargo, vivimos una época donde, si bien se han mezclado (masificado, en realidad) culturas, estamos muy lejos de unificar criterios. Hay distintas éticas religiosas, políticas, sociales, económicas, en fin: culturales. Esto ha hecho que aquello que es bueno y/o verdadero para unos, sea malo y/o falso para otros. Desconociendo (en un acto de hipocresía masiva y consensuada) que muy a menudo todos usufructuamos lo bueno de la mentira y sufrimos lo malo de la verdad, sean estas cuales fueran. Aquí no importa si nos referimos a medios u objetivos. Algunos pueden coincidir en los últimos y diferir en los primeros o viceversa. Estos mismos conceptos morales han recaído sobre lo que es real o irreal. Pero frente a la convicción de que todo es posible, lo irreal ha comenzado a desaparecer (¿o lo real?). Así, se ha ido dificultando la “lectura” de la realidad (posiblemente, el último reducto para considerar verdadero a algo). Con esto lo que se ha estado “cayendo” es la posibilidad de afirmar con certeza.

Hasta hace relativamente poco tiempo, existía la verdad de la palabra escrita. La gente solía decir “yo lo leí” o “está escrito”, para dar prueba de la verdad de su palabra. Aún existen residuos de esta conducta. Por Ej. : en todo libro, apunte, monografía o ensayo, consta la bibliografía consultada con la ingenua pretensión de que esto verifique lo dicho. Aunque también allí (en la publicación de dicha bibliografía) se esconde una falta de compromiso con la palabra propia: Que la afirmación provenga de la palabra de otro, disminuye la responsabilidad al autor. Las certificaciones de cursos, postgrados y hasta los documentos que certifican un título profesional son todavía resabios (bastante ingenuos) de la verdad de la palabra escrita. Los contratos y aún las leyes (cuando no representan la verdadera norma establecida tácitamente por una comunidad) son la expresión que esta ingenuidad adopta todavía en el ámbito del derecho.

Por nuestros días también se empieza a deteriorar la verdad de la imagen. Aunque la mayoría de nosotros aún diga: “Yo lo vi” como prueba de la verdad de lo dicho, aquello que lo perceptivo tiene de subjetivo, empieza a hacer mella en la verdad de lo que se ha visto.

Afirmar que una imagen diga más que mil palabras, es una prueba que nuestra cultura viene dando de este proceso, donde lo que se deteriora es el antiguo límite entre la verdad y la mentira. Primero se deterioró la verdad de la palabra, a tal punto que llegaron a ser necesarias “más de mil”, para afirmar lo mismo que una imagen. Hoy se deteriora la verdad de la imagen (aunque esta etapa, requerirá aún mucho tiempo) y así resulta muy difícil afirmar cualquier cosa.

Aún cuando se pretenda fundamentar lo dicho o mostrado en realidades cotidianas, fácilmente verificables, todo está igual de sujeto a una duda. Preguntarse si esto o aquello es cierto o falso, todavía representa al prejuicio moral sobre lo que es bueno o malo.

Todo lo que aquí se diga, estará sujeto a la misma duda y dependerá del mismo prejuicio.

Y no será accidental.