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miércoles, 12 de enero de 2011

...en lugar de Sandía.


Esta vez, en lugar de sandía va una vaca lechera. Sólo por esta vez y para hacerle un homenaje a "la vaca tarada" de la genial María Elena, que nos dejó, abandonó el sandial, después de haberlo dado todo. Ésta, presisamente ésta de la foto, "no es una vaca cualquiera". Sus manchas nos cuentan el mundo con bastante más agudeza de la que parece a simple vista, tiene una Sudamérica justo allí, por donde produce su leche, una Norteamérica por allá, cerca del culo y una Europa que casi ni se ve, entre las gigantescas manchas del Asia y el África. Para todos los latinos que nos criamos escuchándola cantar que tenía una vaca lechera... esta perlita de la Walsh sobre "nuestro idioma sudaca"

LA EÑE

(María Elena Walsh)

La culpa es de los gnomos, que nunca quisieron ser ñomos.

Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio... Todos evasores de la eñe.

Señoras, señores, compañeros, ¡amados niños!... ¡No nos dejemos arrebatar la eñe!

Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración.

Ya nos redujeron hasta el nivel del apócope.

Ya nos han traducido el pochoclo (pop corn).

Y como éramos pocos, la abuelita informática, ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe, con su gracioso peluquín.

Quieren decirme, ¿qué haremos con nuestros sueños?

Entre la fauna en peligro de extinción, ¿figuran los ñandúes y los ñacurutuces?

En los pagos de Añatuya, ¿como cantarán Añoranzas?

¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo?

¿Qué será del Año Nuevo... El tiempo de ñaupa...?

Aquel tapado de armiño, ¿y la ñata contra el vidrio?

¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?

"La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa.Y como la gente, sufre variadas discriminaciones.

Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K...

Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda; la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados, después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui.

A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo.

Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta.
Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada, también por pereza y comodidad.

Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños... ¡Impronunciables nativos!...

Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece.

Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido, porque así se nos canta.

No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski.
Ninios, suenios, otonio... Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda (retrocediendo todo hasta el latín), y vuelva a llamarse Hispania.

La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software.

Luchemos para no añadir más leña a la hoguera, donde se debate nuestro discriminado signo.

Letra es sinónimo de carácter...

¡Avisémoslo al mundo entero por Internet!